sábado, 16 de noviembre de 2013

La Habana Vieja: Ciudad que en socialismo hace tangible la suprema felicidad







La Habana, Cuba, 15 Nov. AVN.- La sensación más inmediata que se experimenta al llegar a La Habana es muy parecida a la de estar en casa. Esa experiencia tan cercana se aviva aún más, cuando el arribo a Cuba se hace proveniente de la Venezuela nueva, la Bolivariana, la de Chávez.
Los rostros, el ambiente y la frescura se te hacen semejantes. Tanto así, que pareciera que llegas a una de las tantas playas venezolanas que son bañadas por las aguas del Caribe: Margarita, Los Roques, los cayos de Morrocoy, Choroní, Cuyagua... la costa venezolana entera.
Las casi tres horas de vuelo a más de 36.000 metros de altura y a una velocidad promedio de 800 kilómetros por hora que sirvieron para atravesar gran parte de ese Caribe nuestroamericano, desde Maiquetía en Vargas, hasta el Aeropuerto Internacional José Martí de La Habana, Cuba, se vuelven cómplices de esa hermandad de pueblos que comparten ideales y luchas, como si se tratara de la misma patria.
Y es que al llegar a La Habana, el calor humano, la amabilidad en el gesto, la sonrisa hecha rostro y el buen humor usado como argumento, se hacen aliados para que te sientas abrigado. Esos lazos se estrechan cuando La Habana empieza, por sí misma a comunicarse, a mostrar por qué es patrimonio viviente de la revolución socialista latinoamericana, cuna y fuerte de batalla del modelo humanista, del ejemplo vivo de la resistencia y de la igualdad que late en oportunidades para todos.
En las calles habaneras habla Martí, el Ché, Fidel, Raúl, y también Chávez, el pueblo vivo. Y es que andar por La Habana Vieja, por su Centro Histórico es, entonces, ser protagonista del disfrute en camaradería, certificar la sonrisa que siempre se dibuja en el rostro del local, de mujeres y hombres, que con su buen trato y respeto te muestran las calles de su capital con el orgullo patrio más honesto que puedas recibir.
Acá, en La Habana, importa siempre la espiritualidad, el amor, y el orgullo de ser cubano. La felicidad del habanero se mide por su disciplina integral, por el compromiso de producir localmente para el bienestar de todos, para disfrutar de un sistema de educación y salud libre, gratuito y de calidad para todos, sin distinciones de clases ni posición social, esa felicidad que brinda el cubano en su accionar, es sin duda, formada por el desapego a las posesiones materiales. En Cuba se es feliz por lo que eres, no por lo que tienes o deseas materialmente ostentar, la felicidad en esta isla caribeña es como debe ser.
"Honrar, honrar!" cita, por ejemplo, una de las tantas frases de Martí escritas por toda la ciudad, lo que describe la filosofía de vida del cubano, accionada en lo justo y fundamentada en lo disciplinado.
La identidad como patrimonio
En esas mismas calles de la Habana Vieja, a unos 17 kilómetros del aeropuerto, se encuentra uno de los lugares más populares de la ciudad, la tradicional Plaza de San Francisco de Asís. En sus alrededores está la iglesia que lleva el mismo nombre del santo. Frente al centro litúrgico está el edificio Lonja del Comercio, lugar que sirve de sede a distintos medios de comunicación, entre otras oficinas comerciales y de gobierno.
Associate Press (AP), Televisión Española (TVE), entre otras transnacionales de la comunicación hacen vida en el corazón de la Habana Vieja; de la misma forma, está la local Habana Radio, una emisora de la Oficina del Historiador de la Ciudad, que nació como la voz del patrimonio cubano, donde se expresan los artistas nacionales y voceros de la cultura cubana que día tras día se empeñan en mantener vivas su identidad.
Desde el sexto piso, Habana Radio, opera en la frecuencia 11.884 Megahertz, a través de 10 emisoras de Frecuencia Modulada en 14 ciudades del país.
La Habana 106.9; Sancti Spíritus 92.5; Trinidad 102.9; Camagüey 94.9; Cienfuegos 91.9; Baracoa 92.3; Bayamo 104.1; Santiago de Cuba 101.5; y Santa Clara en la 92.9 FM, son nueve de las 10 emisoras que transmiten la programación de Habana Radio, espacio radioeléctrico que surgió con el propósito de incentivar el patrimonio histórico musical de Cuba, y rescatar el valor de ese bagaje cultural en la población a través del apoyo a los nuevos artistas y talentos musicales que dedican sus interpretaciones a la variedad musical cubana.
Las otras cinco ciudades cubiertas por esta importante emisora radial, promotora de la cultura patrimonial cubana, son: Matanzas, Caibarién, Camajuaní, Zulueta, Remedios. Sus habitantes pueden escucharla en el dial 98.7.
Las ondas hertzianas de Habana Radio van a la ciudad las 24 horas del día. Desde lo más alto del edificio Lonja, donde precisamente son distribuidas esas ondas radiales, la vista de La Habana es impresionante. Puertos, rincones, esquinas, calles, avenidas, azoteas, todos se entrelazan, se funden y muestran sitios emblemáticos como la Terminal Sierra Maestra, el Complejo Histórico Militar Morro-Cabañas, la Plaza de la Revolución, la Casa del Ron, e infinidad de lugares.
De vuelta al nivel del mar, dentro del Casco Histórico está el Palacio de los Capitanes Generales que sirve como Casa de Gobierno del Palacio Municipal. Frente a esta sede está la Plaza de Armas, lugar de encuentro y compartir, rodeada además de tarantines de libros, postales, afiches, y pequeños recuerdos de la ciudad.
El habanero dice: "en esa plaza se consigue el libro que quieras, y si no está, te lo buscan", es una tradición comprar libros ahí.
Mientras se sigue el caminar por Habana Vieja, entre sus tantas esquinas te puedes conseguir actores dramáticos que protagonizan escenas de la antigua Habana. También los músicos que tocan el son cubano, así como la particularidad de tres pequeños perros que posan sobre una bicicleta disfrazados por su dueño. Llevan lentes, sobreros, corbata, ropa de antaño y reloj de muñeca. Para fotografiarte con ellos deberás pagar un peso convertible cubano (CUC) y tener un particular recuerdo.
La voz alzada de una mujer morena te ofrece sus chibirricos, un temtempié muy popular de forma triangular frito, que es preparado con harina y azúcar, que sirve para degustar mientras se pasea por la ciudad.
También son de La Habana
Entre las calles habaneras aparece la particular calle de Los Mercaderes, justo en una de sus esquinas se encuentra una pequeña plazoleta en la que posa un monumento que enaltece al Libertador Simón Bolívar y su gesta patriótica Granamericana. En esa misma plazoleta, la música hace de las suyas al ritmo de bolero interpretado por una pareja. La mujer canta y el hombre toca la guitarra mientras turistas disfrutan de una limonada.
En esa misma calle, unos 20 pasos hacia dentro, se encuentra la Casa Museo Simón Bolívar, un espacio que Cuba decidió abrir para honrar la memoria del Libertador, y que se integra a toda la plataforma patrimonial y el trabajo social que auspicia la Oficina del Historiador de la Ciudad de La Habana.
Las enormes puertas abiertas de la Casa de Bolívar te invitan a entrar a ella. Una vez dentro, te recibe Venezuela con su tricolor e historias. En su parte baja está una llamativa colección de artesanía hecha con barro, que pertenece a la creación de la trujillana Mercedes Pardo, quien intencionalmente elaboró una serie de piezas que muestran las distintas caras humanas de Simón, el niño, el hombre, el estudiante, el amante, el patriota.
En esas piezas aparecen junto a Bolívar las personas que siempre lo acompañaron en sus distintas etapas. Su madre durante el parto, las clases dictadas por sus maestros, Simón Rodríguez y Andrés Bello, sus aventuras amorosas, la vida plena del Bolívar hombre, con sus dudas, sus luchas, sus memorias.
Luego la casa te muestra otros detalles del Libertador. Una habitación dedicada a Manuela Sáenz está reservada en lo más alto de la casa. Réplicas de su ropa, de las cartas que Manuelita y Simón se escribían en medio de sus luchas por la patria y por el romance, y un busto dedicado a ella forman parte de ese cuarto que recoge las pasiones que con tanta intensidad vivieron ambos.
Sin embargo, el recorrido no termina ahí. Una serie de cuadros y piezas artísticas están en los alrededores de la casa, todos creados por venezolanos que en algún momento fueron reconocidos con el Premio Nacional de Artes Plásticas, entre los que aparecen por ejemplo, Cruz Acosta, Gabriel Bracho, Ever Fonseca, Carlos Cruz Diez, Liliam Durán, entre otros.
Cuando piensas que lo has visto todo en la Casa de Bolívar, te encuentras que también se hospeda en uno de sus espacios uno de sus más fieles seguidores, que desde el 11 de septiembre pasado, relata historias a todo aquel que llega a escuchar su legado, el máximo líder de la Revolución Bolivariana, Hugo Chávez.
Hace dos meses atrás, ese 11 de septiembre, la Casa de Bolívar abrió la exposición El legado de Chávez, fotos, mensajes, pinturas, esculturas y sobre todo el propio Chávez en distintas actividades mantienen vigente su fortaleza de lucha y compromiso de vida por luchar siempre por el bienestar, no sólo de los venezolanos, sino también de los latinoamericanos, caribeños y demás pueblos del mundo.
La Casa de Bolívar, que ostenta el Grado Uno del Patrimonio Cultural cubano, nunca albergó al Libertador, sin embargo es hoy día, el punto histórico de Venezuela, en La Habana, que más enaltece la venezolanidad y su historia bicentenaria.
Las calles estrechas de la Habana Vieja te acercan al habanero, que vive y transmite su orgullo patrio, su cultura, tradiciones, con su característico calor humano, de gente buena, que además posee una enorme conciencia política sobre el quehacer revolucionario, la soberanía y la solidaridad, de esa que en la cotidianidad habanera hay ejemplos por doquier, pues la vida, la espiritualidad y el compromiso disciplinado por el prójimo se ha convertido en interés de todos, forma parte de la conciencia colectiva.
Claro ejemplo se da en la mano amiga de sus habitantes, de sus campesinos, médicos y fisiatras, del adulto mayor que ama vivir en Cuba, al menos unos 500 de ellos que acuden al antiguo Convento Nuestra Señora Belén, apoyado desde el 10 de julio de 1997 por la Dirección de Asuntos Humanitarios de la Oficina del Historiador de la Ciudad, para diariamente hacer vida social, formarse, compartir, y sobre todo divertirse, sin tener que pagar un céntimo, entre amigos, con amor y agradecimiento entre unos y otros, con la firme convicción de que en socialismo, la suprema felicidad es posible.
Orlando Rangel Yustiz.AVN 15/11/2013 13:46